Clásicos españoles imprescindibles y cómo leerlos sin miedo

Clásicos españoles imprescindibles y cómo leerlos sin miedo

Los clásicos españoles arrastran fama de lecturas obligatorias, de esas que se hacían en el instituto con un examen al final. Es una pena, porque muchos de ellos son libros vivísimos, divertidos y emocionantes, que se disfrutan mucho más cuando uno los elige. Esta es nuestra selección de imprescindibles, de la Edad Media al siglo XX, con alguna pista para leerlos sin miedo.

Edad Media: donde empieza todo

El Cantar de mio Cid es el gran poema épico de nuestra literatura y la primera gran obra en castellano que conservamos. Cuenta cómo Rodrigo Díaz de Vivar, desterrado por su rey, recupera su honra a base de lealtad y de batallas. Lo que más sorprende es lo humano que es el héroe: llora al despedirse de su mujer y sus hijas, cuida de los suyos y nunca deja de ser fiel a quien lo ha echado. Al principio el castellano medieval impone un poco, pero en cuanto le pillas el ritmo se lee de un tirón.

Siglo de Oro: la gran época

El Lazarillo de Tormes (1554) es un libro breve y genial. Un chaval cuenta cómo sobrevivió sirviendo a un ciego, a un clérigo tacaño y a un escudero arruinado que finge ser rico. Inaugura la novela picaresca y tiene un humor muy moderno. Si buscas un clásico para empezar, este es perfecto: se lee en una tarde.

Y luego está Don Quijote de la Mancha, la novela más importante de nuestra lengua y, para muchos, la primera novela moderna. Mucha gente lo deja a medias porque lo empieza como una obligación. Nuestro consejo: léelo sin prisa, como quien lee una serie por capítulos, y no te sientas obligado a entender cada palabra. Si te atascas, prueba a empezar por la segunda parte, de 1615, que muchos consideran aún mejor. Detrás de las aventuras de un loco y su escudero hay una reflexión enorme sobre la realidad, la ficción y la dignidad de quien persigue un ideal.

El teatro del Siglo de Oro es otro tesoro. Fuenteovejuna, de Lope de Vega, cuenta la rebelión de todo un pueblo contra un comendador abusivo: cuando les preguntan quién lo mató, todos responden lo mismo. La vida es sueño, de Calderón, es una obra profundamente filosófica sobre la libertad y el destino, con algunos de los versos más famosos de nuestra literatura. Del mismo autor, El alcalde de Zalamea plantea un conflicto entre la honra de un campesino y el poder de un capitán, y El gran teatro del mundo presenta la vida como una obra en la que cada uno interpreta un papel que Dios le ha asignado.

El burlador de Sevilla es la obra que creó a don Juan, uno de los grandes mitos de la literatura universal. Durante siglos se atribuyó a Tirso de Molina, aunque hoy muchos estudiosos se inclinan por Andrés de Claramonte.

Más allá de la novela y el teatro, el Siglo de Oro tiene una prosa religiosa de primer orden. En el Cantar de cantares de Salomón, Fray Luis de León traduce del hebreo el poema bíblico y lo comenta verso a verso en un castellano limpísimo. Le costó casi cinco años en la cárcel de la Inquisición y, según la tradición, al volver a su cátedra de Salamanca empezó la clase con un «Decíamos ayer».

Siglo XIX

Siguiendo el hilo de don Juan, el Don Juan Tenorio (1844) de José Zorrilla es la versión romántica del mito, y la que sigue representándose cada año en torno al Día de Todos los Santos. A diferencia del burlador, este don Juan se salva por amor.

Siglo XX

San Manuel Bueno, mártir (1931), de Unamuno, es una novela corta inolvidable sobre un cura de pueblo que hace todo el bien que puede, mientras guarda un secreto terrible sobre su propia fe. Pocas páginas han tratado la duda con tanta hondura.

La familia de Pascual Duarte (1942), de Camilo José Cela, y Nada (1945), de Carmen Laforet, que ganó el primer Premio Nadal, retratan la dureza de la posguerra desde lugares muy distintos: un campesino extremeño que confiesa sus crímenes y una joven que llega a una Barcelona gris y asfixiante.

Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender, cuenta la Guerra Civil en un pueblo aragonés a través de un cura que recuerda al joven que bautizó y que no supo salvar. Y Las ratas, de Miguel Delibes, es un retrato de la Castilla rural más pobre, con un niño, el Nini, que lo sabe todo sobre el campo. Las dos son breves y se leen con un nudo en la garganta.

Por dónde empezar

Si llevas tiempo sin leer clásicos, empieza por los cortos: el Lazarillo, San Manuel Bueno, mártir o Las ratas. Te reconciliarán con la idea de que un clásico puede ser una lectura apetecible. Después ve subiendo: una obra de teatro de Calderón o de Lope y, cuando te sientas con ganas, el Quijote.

Y un último consejo: no tengas reparo en leer en voz alta el teatro y la poesía. Están escritos para eso, y se entienden mucho mejor.

Encontrarás todos estos títulos en nuestra colección de clásicos españoles. Y si te interesa el pensamiento además de la literatura, echa un vistazo a Editorial Liberto, donde recuperamos a los grandes autores del pensamiento hispano.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el mejor clásico español para empezar?

El Lazarillo de Tormes. Es corto, divertido y se lee en una tarde. San Manuel Bueno, mártir es otra excelente opción.

¿Cómo leer el Quijote sin abandonarlo?

Léelo poco a poco, unos capítulos al día, en una buena edición con notas. No te agobies con las palabras antiguas, el contexto ayuda mucho, y recuerda que muchos capítulos funcionan casi como relatos independientes.

¿Quién escribió El burlador de Sevilla?

Tradicionalmente se atribuyó a Tirso de Molina, pero hoy muchos especialistas consideran que su autor es Andrés de Claramonte. La cuestión sigue abierta.

Libros para seguir leyendo