Apologética
La apologética da razones para creer y responde a las objeciones más comunes contra la fe: el mal, la ciencia, la historia de la Iglesia. Los mejores apologetas del siglo XX eran además grandes escritores, y se leen con gusto aunque no compartas sus conclusiones.
De C. S. Lewis, Mero cristianismo, nacido de sus charlas en la BBC durante la guerra; Cartas del diablo a su sobrino, donde un demonio veterano aconseja a otro; y El problema del dolor, sobre por qué Dios permite el sufrimiento. De G. K. Chesterton, Ortodoxia, el relato de cómo llegó a la fe, y El hombre eterno. De John Henry Newman, Apologia pro vita sua, su autobiografía intelectual. Y de Hilaire Belloc, amigo de Chesterton, Europa y la fe.
Entre los actuales, el Manual de apologética de Peter Kreeft y Ronald Tacelli, que responde una por una a las objeciones clásicas, y Confesiones de un católico de cafetería del propio Kreeft. Hay testimonios de conversión como Dios existe. Yo me lo encontré de André Frossard y Roma, dulce hogar de Scott Hahn y su mujer Kimberly, dos pastores protestantes que se hicieron católicos. Completan la sección El sentido religioso de Luigi Giussani, Nuevas evidencias científicas de la existencia de Dios, Falso testimonio de Rodney Stark, Seréis como dioses de Silva Castignani y dos libros de Fabrice Hadjadj.
Preguntas frecuentes
¿Ortodoxia o Mero cristianismo?
Mero cristianismo es más ordenado y fácil de seguir. Ortodoxia es más brillante y personal. Si solo vas a leer uno, empieza por Lewis.
¿Qué libro responde a las objeciones contra la fe?
El Manual de apologética de Kreeft y Tacelli, organizado por preguntas: la existencia de Dios, el mal, los milagros, la resurrección. Para el problema del mal en concreto, El problema del dolor de Lewis.
¿Hay libros sobre ciencia y existencia de Dios?
Sí: Nuevas evidencias científicas de la existencia de Dios aquí, y más en Ciencia y fe.
¿Qué testimonio de conversión recomiendas?
Dios existe. Yo me lo encontré, la conversión repentina de un periodista ateo en una capilla de París, o Roma, dulce hogar si te interesa el paso del protestantismo al catolicismo.